
Me bajo del camión, respiro profundo, lo retengo… lo dejo ir, y toso; ahora si, estoy de regreso. La altura y la falta de oxígeno provoca ese ligero mareo que me da equilibro para esquivar a la gente que se apila en las salidas. Camino a la salida, me sobro algo de dinero, tomo un taxi, -a esta hora el metro no me apetece-, antes de llegar a casa (y ver el caos que es la ciudad) paso por un doble, después de eso despierto bien. Un rato después me inscribo, todo bien, buenos maestros, pero el horario estará muy loco, entrar a las 7am, y salir a las 10pm lunes, miércoles y viernes, -maldita sea, los viernes-.
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